Obras maestras del ballet romántico

Obras maestras del ballet romántico

¡Amores prohibidos, bosques encantados y creaturas fantásticas te esperan en las piezas de danza más hermosas del repertorio! Con leyendas como Rudolf Nuréyev y Margot Fonteyn, y obras indispensables como Coppélia desde La Scala de Milán, Giselle en

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El ballet llevaba mucho tiempo como un género ya codificado en Francia, lo cual explica por qué buena parte del vocabulario de la danza proviene del idioma de este país. En los primeros años de la era Romántica, los estrenos parisinos de ballets como La Sylphide (1832) y Giselle (1841) hicieron avanzar la forma artística más allá de su frecuente condición como espectáculo incidental, apuntando hacia narrativas más ambiciosas y una expresión más refinada, con la estandarización de la técnica en puntas. En la segunda mitad del siglo XIX, mientras la Ópera de París siguió presentando el ballet como una suerte de atracción secundaria dentro de las óperas, este se convirtió en una forma por derecho propio especialmente en Rusia, donde las extraordinarias partituras de Chaikovski para cuentos fantásticos como El lago de los cisnes (1877), La bella durmiente (1890) y El cascanueces (1892) —las dos últimas coreografiadas por el gran Marius Petipa— llevaron el ballet a nuevas alturas en musicalidad y escenografía.